Pués sí, ya tocaba. El lunes pasado tuve una buena sesión de bondage. La víctima fuí yo.
Fueron 3 horas de lo más placenteras en dos posiciones diferentes. La primera atado a una silla y la segunda atado a un somier.
La de la silla fue la más corta por el hecho de ser un poco más dura, y ya se sabe que no hay que pasarse. Mi amiga decidió atarme las manos a la espalda, y me sentó al revés en la silla, es decir, con el estómago apoyado en el respaldo. Luego me ató los pies a las patas de la silla, uno a cada lado. Lo que hizo diferente esta atadura de las demás fue lo que empleó para hacer de mordaza: Un consolador. Lo había atado en la parte más alta de la silla para que yo me lo pusiera en la boca, y una vez dentro - no todo ni mucho menos -, cogiera una correa y me atara el cuello a la silla, de tal forma que no podía irme hacia atrás, con lo cual el consolador se quedó en mi boca y por tanto, no podía decir ni mu. Bueno mu o algo parecido sí que decía, pero nada más. Así estuve una hora. Ella venía de vez en cuando a verme, y me preguntaba si me molestaba la mordaza, y al decirle que sí, me respondía con una sonrisa que al principio siempre molestan y que luego te acostumbras. De todas formas, si yo le hubiera hecho el gesto que tenemos para situaciones de emergencia, me hubiera soltado enseguida.

Cuando decidió soltarme me dejó elegir con qué elementos me iba a atar en la siguiente posición del día. Como veo que dudas, dijo, voy a emplearlos todos. Así fue. Me tumbé en el somier y me ató las manos con cuerdas en las maderas de los "salvaespaldas pikolin", a la altura de la cintura. Luego los pies juntos, atados a los hierros de la parte delantera del somier. Una vez atado, siguió añadiendo más materiales para sobrecargar mis ataduras: esposas, cinturones y cinta. Me amordazó con unos cuantos trozos de esa misma cinta y ahí me dejó. Se asomaba a la puerta de la habitación para ver qué tal estaba, y desaparecía. Yo me incorporaba para poder verla mejor, pero como vió que lo hacía muy a menudo se acercó con un cinturón y me lo puso por la frente, nada fuerte por cierto, pero estaba sujeto de tal manera que no podía levantar la cabeza. Lo que no consiguió evitar es que se me levantaran otras cosas.